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@diluc1985

lunes, 23 de noviembre de 2015

OPINIÓN ... CONGELADA Y PÁLIDA… ¿ASÍ ES BOGOTÁ?



POR DIANA LUCÍA BENÍTEZ ÁVILA

Que el clima frío te hace partir los labios… que subirse a TransMilenio es como entrar en una dimensión desconocida… Que las personas ‘cachacas’ miran por encima del hombro a los que no son de allí… en fin, se tejen muchos mitos frente a una realidad cosmopolita que alberga a millones de personas. Bogotá tiene tanta gente ocupada en infinidad de trabajos que aún en las noches permanece despierta, le llaman: la ciudad que no duerme.

Bogotá es la ciudad de las arquitecturas, pues a diferencia de otros lugares la identidad arquitectónica está compuesta de múltiples identidades, nada más mirar a chapinero, a ese pequeño Londres del altiplano cundiboyacense. Estatuas y monumentos hay por doquier, la mayoría de sus pedestales están llenos de grafitis, y cómo si fuera poco puedes encontrarte uno que otro gringo o europeo con su cámara Nikon, y por supuesto que no fotografía el memorial de la estatua, sino una pequeña frase que dice: País de mierda. 

Se puede seguir dando vueltas por la Bogotá, moderna, por la republicana, por la colonial, en todos partes es inevitable que te encuentres colombianos, si, suena paradójico, antes en Bogotá vivían los rolos, rolos, ahora si realmente se llama Colombia.

Es de admirar encontrar por donde vayas infinidad de espacios donde se da rienda suelta a la creatividad, las artes, obras espectaculares como la de Omar rayo en el edificio del Sena sobre la avenida Caracas. Hay otra más llamativa aun, es la mano de obra, la que continúan construyendo esta ciudad. Infinidad de edificios y avenidas, es en la mayoría de los casos las manos campesinas de nuestra gente que se vino huyéndole a la guerra y que cada tarde al caer el sol quieren huir desde la lejanía de sus trabajos al calor de sus hogares, allá a la partes más distantes donde han logrado en suerte conseguirse un ranchito.

Sin embargo, algunos afirman que el frío influye en sus relaciones humanas, tanto como para aseverar que sus pobladores son elitistas o excluyentes; cosa que no es del todo cierto. Ya que al ser reservados muestran una naturaleza neutra, más no se debe desconocer el gran valor de su hospitalidad y familiaridad cuando se entra en confianza.

Cómo en toda parte, hay desavenencias que hacen a algunos de sus pobladores sentirse inseguros, inconformes con los planes de gobierno que se han venido desarrollando, pobreza y desplazamiento en donde se han situado principalmente en el sur de la ciudad, según la consultoría para los derechos humanos (CODHES) en el período de 1999-2005 llegaron a Bogotá más de 260.000 personas, un 3.8% del total de su población.

Respecto a la movilidad cuenta con diversas formas de transporte como ‘Trasmilenio’, transporte privado, bicicleta, transporte interurbano, aéreo y el famoso ‘Metro’ que aunque ha estado en debates aún no se ha podido consolidar el proyecto de construcción por aplazamientos, y donde se espera se empiece a construir el próximo año cuando finalicen los estudios previos y las licitaciones.

Por otra parte, la actividad literaria es tan extensa que en el año 2007 la Unesco la declaró como Capital mundial del libro, museos, bibliotecas, espacios abiertos a la lectura hacen parte de la cotidianidad capitalina. Si eres un aficionado a las letras definitivamente esté es tu lugar, un espacio donde tu imaginación no tiene fin y donde se puede vivir haciendo arte.

Y…  ¡qué me dicen de su gastronomía! Pues bien, no puedes quedarte con las ganas de probar un ajiaco santafereño, deleitarte con un canelazo y descubrir el sabor de una buena chicha. Esto entre tantas cosas que puedes encontrar para disfrutar de los antojos que tanto nos gustan como un postre de natas, brevas con arequipe, definitivamente no hay excusa para no salir con la barriga llena y el corazón contento.

En fin, puedo continuar hablándoles de los hermosa y maravillosa que es esté lugar, pero prefiero extenderles la invitación a conocerla, a sacar de nuestra conciencia juicios innecesarios, a animarse a enfrentar su temperatura (especialmente los que somos de tierra caliente) y sobre todo a abrir nuestro pensamiento a las bondades y beneficios que nos ofrece la capital.

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